Me ha llevado tres semanas (veinte días desde el día D, el día del Shock) descubrir una cierta dulzura en mi ficticia soledad.
Parecía que todo iba a ser amargura y desaliento pero poco a poco el frío ha ido cediendo y el calor de los amigos me ha ido mostrando una cara más amable del hecho de estar "sola".
Habría que buscar un término en castellano que se corresponda con el "single" inglés, que no me parece que soltera tenga mucha correspondencia con el concepto. Es sabio en la lengua inglesa contemplar un estado en el que no se tiene pareja pero en el que no exista el matiz de soledad que se le da al "solo" español.
Estos días he compartido hartas conversaciones con amigas "solas" y acompañadas, con amigos solteros y en pareja y queda claro el tópico de que la soledad es un fenómeno que poco tiene que ver con la vida en pareja. Lo que ha quedado durante dos semanas y media en mi conciencia no era solo un sentimiento de pérdida, sino sobre todo, (como sabiamente lo llamó mi amiga y hermana Pato) un gigante Síndrome de Estocolmo que poco a poco va cediendo. La cordura ocupa su lugar y sustituye al "mono" que quedó tras el vendaval, y como en todo síndrome de abstinencia, cuando la droga se limpia del cuerpo la cabeza se calma, y la paz se reestablece.
Somos multitud los que pasamos por este trago amargo que se torna en agridulce con el paso de los días y que seguro que acabará siendo un periodo lleno de belleza y descubrimiento a poco que sepamos aprovecharlo. Es una experiencia aventurera volver a encontrarme conmigo misma después de diez años de compañía primero, y de soledad compartida después, y al final lo que queda es una misma frente al mundo, con todo lo que eso implique.
Y en el fondo hasta me gusta.
Es un acto de fe y de confianza lanzarse a la vida sin un colchoncito mullido en el que esconderse cuando todo se pone difícil. Cuando la vida de pareja me llegue de nuevo al menos sabré que he podido vivir conmigo misma y que no es imposible, que el amor alimenta desde varios frentes y no solo desde la cama compartida, y si el casting resulta y me encontrais un bello mozo pa compartir el edredón sabré con certeza que los príncipes azules no existen y que es mil veces mejor que dos sigan siendo dos y que al final uno se tiene siempre a sí mismo para reconciliarse con la vida.
Que bonito que esteis ahí, pato, leo, almunochis, nere, rak, hermi, sinseso, lidi, susana, eliana, alvaro, kepa, david, ana, victor, clarita, mostrando vidas completas y vías reconfortantes para afrontar los días, que son más lindos y menos solos sabiendo que cada uno está en su lucha, con sus armas, en un baile que todos compartimos, cada uno desde lo suyo.
Ninguno de nosotros está solo. Que alegría.
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Saturday, January 05, 2008
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