* Volver a plantearme la vida en Madriz me ha dado escozores y ardor de estómago, pero también la ligera esperanza de que tal vez allí pueda retomar mis proyectos, al menos en lo laboral, ya que aquí la suma tranquilidad que me envuelve también afecta a que todo cese, incluso las oportunidades.
* La fase de añoranza adolescente pasó: lo que tiene encontrarte con adolescentes reales es que acabas por verlos como a través de un microscopio (¿que le pasa a este bichito extraño que solo piensa en reirse y que suelta más tonterías por la boca en una sola conversación de las que una es capaz de procesar en dos meses?). Gracias a eso, me reafirmo en mi momento. Me encanta ser treintañera (going on forty...) y no tener que volver a vivir el suplicio de la bobería crónica como si fuera un regalo divino. Al menos ahora cuando descubro mi estupidez, trato de ponerle remedio, en lugar de exhibirla llamándola "diversión".
* Si los adolescentes son bichitos extraños, los hombres son seres alienígenas. No solo por incomprensibles, también por invisibles. Sé que existen, están ahí fuera, pero en mi mundo femenino y solo femenino parecen más un mito que una realidad... ¿Qué ha pasado? ¿Dónde se meten? Los veo por la calle, en los bares, en sus coches, pero no convivo con ellos, están entre nosotros pero son seres ajenos. ¿Estaré practicando alguna clase de segregación involuntaria subconsciente hacia el macho o es el macho el que ya no me ve porque me he vuelto insignificante? Sea como sea, ocurre como con madriz: me alegro de no tener que sufrirlo, y sin embargo a veces lo echo de menos.
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Thursday, December 04, 2008
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